Siento una especial fascinación por los aviones, no puedo escuchar uno despegando o aterrizando sin voltear a verlo. Para nosotros ya es común ver varios miles de toneladas de metal desplazándose por el aire con cientos de personas en su interior, pero hace poco más de un siglo era algo que solo cabía en la imaginación de unos pocos y sería considerado por muchos una fantasía irrealizable. Para mí un avión es un recordatorio del poder que tiene la imaginación humana para hacer realidad cosas que muchos pensaban imposibles.
En sociedades como la nuestra la imaginación es generalmente subvalorada, creemos que es algo infantil imaginar cosas y se nos enseña a que debemos dedicar nuestro tiempo a actividades más productivas. Tal vez esto explica en buena parte por qué nuestras sociedades permanecen rezagadas con respecto a otras sobre todo en lo que concierne a ciencia y tecnología.
Pienso que el problema radica en un mal entendimiento de lo que es imaginación. La idea general es que la imaginación tiene que ver con fantasear, con pensar en cosas que no existen y que no tienen ninguna relación con el mundo real, por lo tanto cosas ociosas, que no ofrecen soluciones a los muchos y graves problemas que enfrentamos. Sin embargo es la insistencia en tratar de solucionar problemas recurriendo a las mismas soluciones que ya sabemos no funcionan en lugar de usar la imaginación para pensar en nuevas soluciones lo que nos mantiene atascados.
Otro error común es pensar que la imaginación y el conocimiento son cosas separadas e independientes, cuando en realidad están estrechamente ligadas. Es el conocimiento el que nos permite expandir nuestra imaginación y es la imaginación la que abre las puertas a nuevos conocimientos dando forma a una espiral ascendente que nunca se detiene. Pero este proceso requiere de unas ciertas reglas que permiten que la imaginación se convierta en conocimiento, reglas que no ponen limite al acto de imaginar pero que permiten distinguir lo que nunca ha existido de lo que es real.
Nos han enseñado a creer en ángeles y demonios, en infiernos y cortes celestiales. Y pensamos que se necesita imaginación para creer que esas cosas son reales. Pero se equivocan, imaginación en grandes cantidades es lo que se necesita para pensar que la misma fuerza que hace que una manzana caiga al suelo es la que mantiene a la luna girando en torno a nuestro planeta, o para concebir un objeto que se comporta al mismo tiempo como onda y como partícula. Los grandes descubrimientos y avances científicos de los últimos siglos no hubieran existido sin personas capaces de imaginar lo que para otros hubiera sido inimaginable.

Los que vieron la serie Cosmos, seguramente recordaran la nave de la imaginación , en forma de semilla de diente de león, que Sagan nos invitaba a abordar para hacer un recorrido desde los confines del universo hasta ese pequeño punto azul pálido que llamamos tierra. Para mi escribir ciencia ficción es abordar esa nave y poner rumbo hacia mundos que seguramente no llegaran a existir pero que contienen imágenes de mundos que nuestros hijos y sus hijos llegaran a ver aunque hoy en día ni siquiera tengamos la capacidad de imaginar.
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